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FUIMOS EXILIO. SEAMOS REFUGIO.

Augustine

Mujer de República Democrática del Congo, 40 años, gerente de un hospital.

Augustine debe escapar de su país por persecución política y religiosa debido a que, como gerente de un hospital, decide brindar atención médica y acoger en su casa a una persona que se encuentra herida y que es acusada de ser opositora del régimen. Esta persona es perseguida por la policía ya que pertenece a Bundu Dia Kongo (BDK), también conocida como Bundu Dia Mayala, una congregación religiosa a la que el régimen atribuye acciones de oposición política.

Cuando se descubre que Augustine ha acogido a esa persona en su casa, el régimen le acusa injustamente de ser parte de dicha congregación. Le meten en la cárcel durante varios meses sin juicio. A pesar de que logra salir con libertad provisional, ella, sus hijos e hijas y otros familiares, serán víctimas de un constante y violento hostigamiento por parte de la policía congoleña. El miedo que le produce volver a la cárcel y la posibilidad de que ella y sus hijos sean objeto de la brutalidad policial, motivan que Augustine tome la decisión de dejar sus hijos a cargo de familiares y escapar de la República Democrática del Congo en busca de protección. Las personas con las que entra en contacto logran sacarle en avión rumbo al Estado español.

Augustine sale sola de su país, teniendo que dejar sus hijos al cuidado de familiares y amigos. Al llegar a Bilbao, las mismas personas que le habían acompañado durante el viaje le roban sus pocas pertenencias y la dejan abandonada a su suerte.

“Mi abogado pidió que me dieran libertad provisional y me la concedieron sólo por una semana. Yo tenía que ir cada día a firmar a la cárcel, pero después, el segundo día, la policía empezó a venir a mi casa a buscarme, a hacer cosas… Venían a media noche, y yo con mis niños, los cuatro en casa. Amenazaban a mi hija mayor. Y los pequeños… Golpeándome a mí y a mis hijos. De todo, de todo. Me dio inseguridad porque podían volver a cogerme y llevarme a la cárcel.

[…] En Bilbao entramos en un bar a tomar café y, de repente, los dos chicos que venían conmigo dicen que se van a fumar. Salgo pero no les encuentro. Pregunto a la gente del bar, pero yo solo hablaba francés y ellos castellano, no me enteraba de nada. Se han ido con una maleta pequeñita que tenía, se llevaron todo… Yo solo me quedé con un bolso pequeño que tenía.”

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